Figuras da Ficção

Personagens secundárias

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No seu discurso de entrada na Real Academia Española, em 21 de novembro de 2010, a escritora Soledad Puértolas  falou sobre as personagens secundárias do Quijote . “Tengo debilidad por los secundarios, por aquellos a quienes, en los diferentes órdenes de la vida y del arte, les toca ocupar posiciones marginales”, disse.

Sem as personagens secundárias, os heróis das ficções não teriam  a proeminência que lhes reconhecemos,  porque é esse caráter secundário que indiretamente realça os atributos e o destaque da personagem que domina o relato; uma dominância que carece, todavia, da interação com personagens secundárias.

Dulcinea del Toboso, monsieur Homais, o conselheiro Acácio ou Bartolomeu Lourenço podem, entretanto, ganhar uma projeção considerável, deduzida das suas características culturais, mentais ou sociais. E, desse modo, chegam a transcender as ficções que os acolhem. Do mesmo modo, Soledad Puértolas resgata o secundário para a dimensão de protagonista:  “De los cuentos que me leyeron en la infancia y los que luego leí y fui escogiendo por mi cuenta, me fijaba sobre todo en aquellos personajes que se quedaban un poco atrás, un sapo desorientado, un elefante patoso, una gallina de plumaje deslucido. Más tarde, cuando entraron en mi vida relatos que trataban de gente parecida a mí, de niñas inquietas y soñadoras que no entendían el mundo de los adultos y que preferían refugiarse en sus fantasías, comprendí que en la vida había muchas pistas que parecían asuntos secundarios y que daban pie a historias verdaderamente principales. Era yo, al escogerlas, al ir descubriéndolas e inventándolas, quien las convertía en principales. Finalmente, eso es lo que hago cuando escribo ficciones, convertir en protagonistas a personajes que, antes de ser escogidos, podían pertenecer al universo de lo secundario.” (Aliados. Los personajes secundarios del Quijote. Madrid: Real Academia Española, 20102, p. 16).


Llamábase Aldonza Lorenzo, y a esta le pareció ser bien darle título de señora de sus pensamientos; y, buscándole nombre que no desdijese mucho del suyo y que tirase y se encaminase al de princesa y gran señora, vino a llamarla Dulcinea del Toboso porque era natural del Toboso, nombre, a su parecer, músico, peregrino y significativo, como todos los demás que a él y a sus cosas había puesto. (Don Quijote de la Mancha, primeira parte, I).

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